Polifemo ya tenía vino
Canto IX, 345-370
Todo el mundo recuerda que Ulises emborracha al cíclope. Casi nadie recuerda el matiz, y el matiz lo cambia todo.
Polifemo no era un ignorante. En su isla había viña: el propio texto dice que la tierra les daba a los cíclopes vino en gruesos racimos, que crecían con la lluvia que mandaba Zeus. Tenía producto propio y estaba acostumbrado a beberlo.
Prueba el que le ofrece Ulises y pide más. Y cuando pide más, lo explica con sus propias palabras: lo mío también es vino, dice, pero esto está hecho de ambrosía y néctar. No es la reacción de alguien que descubre el vino. Es la reacción de un productor que reconoce, delante de un extraño, que acaba de probar algo que juega en otra liga.
Tres copas después está en el suelo, pero eso es lo de menos. Lo importante ocurrió antes, en el momento exacto en que un tipo con viña propia levantó la vista y admitió que no sabía tanto como creía. Esa cara la hemos puesto todos alguna vez. Es, con diferencia, el mejor momento de este oficio.